El Flaco se acercó eufórico hacia donde estábamos.
- ¡Salú la barra! –gritó.
- ¿Qué hacé flaquito? –saludé medio asombrado.
- Acá Ade, chocho de la vida.
La sonrisa no se le iba. Lo miré extrañado. Y deduje.
- Vos estuviste cogiendo.
El Flaco dejó de sonreir, se ruborizó y empezó a hacer su rito de nerviosismo: meter y sacar las manos de los bolsillos del pantalón, cruzarse de brazos y vuelta a meter las manos.
Estaba en eso cuando volvió del baño el Rus [...]
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