sábado, 14 de abril de 2007
Cumplió años la Mabel e hicimos una reunión en el Clú. Pusimos unos tablones, papel de afiche blanco, sillas, bancos, cajones de cerveza vacíos y servilletas de papel. No escatimamos en gastos. El Nono hizo el asado y la Jesi, la hija de Mabel, se la jugó con una torta hecha por ella solita que se manducaron todos sin decir nada, mientras la pendeja los fusilaba con la mirada (salió a la madre en el carácter). El Eze sacó fotos con una camarita digital de dudosa procedencia y hubo chupe de sobra, como para que nadie se queje. Me salió unos buenos mangos la joda, pero una buena parte la mandé a gastos del clú, como debe ser.
A la hora de los regalos, me aparecí con una mesa de trabajo de carpintero. La Mabel se quedó boquiabierta, no sabiendo si putearme delante de todos o pensando que yo era el rey de los paspados. Se dio cuenta que era joda cuando me cagué de risa señalándola y mostrándole un paquetito con un perfume Kenzo trucho. Me cazó de la nuca y me estampó un besazo, no sin antes morderme apenas, pero dolorosamente, el labio inferior.
Pero la gran sorpresa la dio el Mamasa. Imagínense, dos metros de alto por lo mismo de ancho, barbudo, pelo atado atrás con una colita, una bestia. Se acerca a la Turca y le manda:
- Mabel, esto es para usted –poniéndose colorado y dándole un objeto envuelto.
Mientras le agradece, la Mabel abre el regalo y lo muestra. Era una cosa sin forma, seguro tallada en madera con la navaja. Parecía un animalito, o un excremento de ese animalito, no sabría decir.
- Gracias, Toribio, sos un divino –le dice y le zampa un beso en la mejilla, haciendo que el subhumano pasé al escarlata de la vergüenza.
Fue ahí cuando, desde el fondo de la mesa, se escucha:
- Ja, Toribio se llama el oso, no sabía.
Era el flaco Ossola, un pelotudo congénito.
El Mamasa, que se había sentado, levantó la cabeza, olfateando su presa y posó su mirada de asesino serial en el desdichado. Todos se hicieron a un lado de la víctima, dejándolo más en evidencia. El ogro levantó su manopla y le hizo un gesto con los formones que tiene de dedos, indicándole que más tarde lo atendería. El flaco pareció atragantarse y no pudo probar bocado en el resto de la noche, del cagazo.
La fiesta siguió, y nos desentendimos del asunto. Nos matamos de risa con pavadas y la Mabel se emocionó un par de veces (es remaricona cuando toma un poquito). Llegó el brindis con la torta y cantamos el feliz cumple. Ahí empezó el desbande, algunos a apoliyar, otros se iban de joda y un par salían de “caño”. Mientras ayudaba a juntar las cosas, veo que la Mabel se acerca al Mamasa y lo charla. El velociraptor la mira y asiente, como resignado. Cuando vamos yendo para la casa, le digo a la cumpleañera:
- Te vi hablando con Mamasa. Seguro que le pediste que no ajusticiara a flaco, ¿no?
- No, nada que ver –me dice, agarrándose más de mi brazo.
- Dale, boluda, ¿te creés que nací ayer? Te ponés al pedo en defensora de pobres, dejalos que se arreglen ellos.
- De hecho no naciste ayer, jovato. Pero eso si, seguís siendo el mismo pelotudo.
- ¿A qué viene la agresión? –pregunto inocente.
- Le pedí al Mamasa que, si lo iba a fajar al flaco, no sea en la puerta del club, que después hay que limpiar y la sangre tarda en salir, que se fuera al baldío, que ahí no jode –me dice y dándole un escalofrío, agrega:- Che, se puso fresco, apuremos el paso.
Ahora el del escalofrío fui yo, y no por el clima.
Publicado por adenoz @ 17:13  | Familiero
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Publicado por Casandra2007
jueves, 19 de abril de 2007 | 15:23
FELIZ CUMPLEEEEEE MABEL.
NOS GUSTA COMO SOS, HAY QUE TENER AGUANTE PARA SOPORTAR A TU MARIDO, JAJAJA.