El Cadena no es un tipo que resalte, no digo físicamente, porque tiene una estructura similar a su mellizo, el Mamasa. Es de perfil bajo, más introvertido que el mutante de su hermano. Es un tipo de acción (acción retardada a veces), pero útil para convencimientos varios. Nunca es el centro de atención, a no ser cuando está desparramando humanidades en alguna trifulca, pero ese es su medio natural.
Es por eso que, el estar reunidos a su alrededor en la oficina de la Honorable Comisión Directiva del Clú, no sólo era totalmente anormal sino extraño. Nos estaba mostrando, con cierto orgullo, la palma de su mano derecha. En ella aparecían, en un orden irregular, cinco mosquitos aplastados al unísono por el energúmeno: un verdadero récord. Estos bichitos apátridas (que no respetan sexo ni religión) habían encontrado en el Cadena un oponente de temer y nosotros un líder en la desigual batalla contra estos malignos dípteros (anduve leyendo el gugle).
Para registrar la hazaña, lo mandé al Eze para que trajera la cam digital así retratábamos para la posteridad el acontecimiento. Mientras lo esperábamos, seguimos apreciando y comentando entre nosotros, dejando caer de vez en cuando un halago para el héroe.
Tan abstraídos nos tenía el suceso, que no nos percatamos de la llegada de la Turca, quien, con su característica voz, nos lanzó:
- ¿Se puede saber que carajos es esto? –preguntó, mostrando un volante.
Fue tal la sorpresa que el Rengo Díaz trastabilló y se cagó un porrazo. El Nono se agarró el pecho, en un acto reflejo (no sufre del corazón, pero siempre hace lo mismo para dar lástima y que no lo agredan). Lo peor fue que el Cadena, ante la vista horrorizada de todos nosotros, instantáneamente se limpió la mano con los restos de su faena en su pantalón, supongo que para evitar que la Mabel viera cuán asqueroso podía ser. Así fue como se perdió la prueba de su gloriosa y efímera proeza.
Todos dirigimos la vista del pantalón del ex héroe hacia la Turca, con un cierto gesto de reproche. Me le acerqué, tomé el papel y le dije:
- Esto es un papel, tamaño 11 por 17 centímetros, impreso a un color.
- Ya sé, pajero. Pregunto qué significa –dijo, ya francamente disgustada.
El volante en cuestión era el siguiente:
CASTIN PARA ELEGIR A “LAS HORMIGUITAS”
Si querés integrar el grupo de las porristas del Clú, vení e inscribite para la selección.
Como no hay lugar en el Clú, las postulantes se deberán llegar hasta el Bar “El Tibet”, donde, a eso de las 23 del martes próximo, se procederá a la elección de “LAS HORMIGUITAS”.
Las elegidas tendrán acceso gratis a los partidos que juegue la entidad y a los vestuarios. Aseguramos pasajes y viáticos. Todo en un ambiente sano y fraternal.
Llevar ropa liviana para el castin. Habrá música y bebida.
ANOTATE!!!
- Ahí lo dice, es un castin –respondí lo más calmo posible.
- Primero, se dice y se escribe “castingggg”. Y segundo, olvidate de esto –me largó como si nada.
- ¡Pará un cachito, Toledo! Esto es beneficioso para el Clú –intenté argumentar.
- ¡Beneficioso, las pelotas! Esto es para babosearse todos ustedes mirando pendejas casi en bolas, ¿o no?
Hice un paso para atrás, como ofendido por lo dicho, miré asombrado a los demás, quienes hacían muecas de desaprobación y ademanes de protesta.
- No te permito, somos personas decentes y padres de familia –dije tratando de calmar los ánimos.
- No, son unos jeropas reprimidos que buscan cualquier excusa para calentarse –dijo sin querer parlamentar.
- Uuuhh, como te está apurando, Ade –ironizó el Cacho.
- Vos mejor te callás, salame. A ver si a tu mujer le gustaría que fueras –le reprochó la Turca.
- Mi mujer hace lo que yo digo, ¿Qué te paaaasa? –dijo envalentado el aludido.
Fue ahí cuando vimos recortada en el marco de la puerta de entrada de la ofi, la silueta de la Leonor, esposa del Cacho. La tipa había sido en su tiempo un minón infernal, aunque ahora estaba más para “Cuestión de peso”, por lo que era de temer y, enojada, peor.
- ¿Así que hago lo que decís? ¿Y ahora qué querés que haga? –preguntó amenazadoramente.
El Cacho tragó la poca saliva que le quedaba en su garganta reseca y, con voz apenas audible, dijo:
- Lo que vos quieras, Leo.
Tratamos de reprimir las risas, ya que el momento era de suma tensión. Ya habría tiempo para gastarlo al boludo. Tomé la posta, ya que mi autoridad estaba siendo cuestionada, y exclamé:
- La decisión fue tomada y como presidente del clú la voy a llevar adelante. Les guste o no.
La Mabel me miró desafiante y se corrió para hacerle un comentario al oído a la Leonor. Ésta pareció conforme, por lo que la Turca determinó:
- Ok, hagan el casting. Pero nosotras vamos a estar presentes, como jurado.
Ahí si dimos rienda suelta a las carcajadas, lo que alivió el clima imperante.
- Ja, haceme el favor. Esto no es para ustedes –le dije, dueño de la situación.
- Si no estamos ahí, el casting no se hace, ¿entendiste o te hago un dibujo? –preguntó mirándome con los ojos entrecerrados.
- Seguí participando, gila –le respondí.
La verdad que la elección no podía haber salido mejor. Las chicas que van a ser de ahora en más “LAS HORMIGUITAS” son bastantes potables. Fue buena la decisión de que participaran nuestras mujeres como jurado. Si, al final tuvimos que resignar posiciones.
La Mabel, junto a la Leonor, se hablaron a todas las cónyuges, novias, concubinas o lo que fuere y nos hicieron un piquete exigiendo asistir al casting o nos quedábamos sin atenciones íntimas por un mes. En reunión de urgencia, la Comisión decidió ser flexible y dar lugar a la participación femenina, como establece la Constitución. De esa forma, salvamos nuestro orgullo al hacer referencia a la Carta Magna y las damas tuvieron que acceder a esmerarse en sus mimos.
Incluso, la vista de las postulantes en ropas mínimas, redundó en mejorar la perfomance de los involucrados, ya que ninguno quiso quedarse después de hora, tanto era el apuro por llevar adelante sus obligaciones maritales.
Esa noche, el barrio fue todo gemidos.