La Mabel estaba acomodando las cajitas de los Dvd’s cuando llegué al ciber. Tenía puesto el jeans que me gusta a mí, el que le marca bien la cola. Una sensación lujuriosa atravesó mi ser y pensé que el día podía terminar de la mejor forma.
La tomé de la cintura y le di un beso en el cuello, que sé que le encanta. Se dio vuelta y con una media sonrisa, dijo:
- Ah, sos vos.
- No, Mr. Músculo soy. ¿A quién esperabas? –contesté fastidioso.
- A nadie, salamín. Lo que pasa es que estaba concentrada controlando las cajitas. Me parece que me chorearon un par de las pornos, manga de jeropas.
- Hmmm, porno... Excitante, no?
- ¿Qué te pasa, galán? ¿Andás mimoso?
- ¿Vos no? –le contesté acercándola hacia mi.
- Hoy vas muerto, corazón –me dijo, acariciándome la cara.
- ¿Por? –dije algo angustiado.
- Porque esta tarde me vino la regla y parece que con todo. Me duele hasta el alma. ¿No te enojás, no?
- Ehhh... Noooo, ta’ bien, no pasa nada bebé. Lo dejamos para otro día. Total... nadie se va a morir, no?
- Bueno, dale. Yo no voy a cenar hoy, te dejo la comida lista y me voy a recostar, estoy muerta.
- Listo. No te hagas dramas, yo me atiendo solito. Te ayudo a cerrar el boliche que es tarde, si?
- Dale, gracias amor.
Y giró para ir a apagar las pc, mientras yo me iba a encargar de bajar la persiana.
Me quedé un momento parado viéndola, levanté la vista al cielo y murmuré:
- Ni esto me vas a dar, Barba? Una sola te pido para que el día valga la pena, pero no. Y la reconcha de la loraaaaa...
Eran las 23:30, en media hora se iba este día de mierda. La Mabel estaba profundamente dormida. Me quedé recostado a su lado haciendo zapping hasta que me hinché y fui a la cocina a picar algo. Obviamente, no había nada. Manoteé un pedazo de queso de rallar, algo de mayonesa que quedaba en el cadáver del sobrecito y un cacho de pan medio duro. No había más jugo, pero no me sorprendió, ya que este día iba a ser así hasta el final.
Mientras comía estos mendrugos me fijé en el almanaque colgado al lado de la heladera y se me ocurrió que, por lo menos ahí en el calendario, este martes podía “desaparecer”. Así que tomé la tijera del cajón de costura y me fui decidido a hacer justicia.
Estaba en esta pelotudez, cuando se oyó que alguien entraba a la casa. Era la Jessi, la hija de Mabel.
- Ade, qué hacés levantado a esta hora?
- Yo nada, y vos? No tenías que venir a las 10?
- Ah si, pero a mi viejo se le complicó y me trajo más tarde –dijo, mientras abría la puerta de la heladera y sacaba una banana que había escapado a mi requisa.
- Que raro
- ¿Qué raro qué?
- Nada, porque tu viejo llamó a las 10 y media preguntando si ya habías llegado.
La piba pareció atragantarse y tosió un poco, poniéndose colorada.
- ¿Si? Eh... no sé... Ah, me quedé hablando con... la Mirta, eso.
- ¿Por qué me verseás?
- Yo no te verseo –contestó airadamente.
- Tu viejo te mandó a las 10 y vos te fuiste a lo del Lalo.
- ¿Qué decis? ¿Cómo sabés?
- Porque me preocupé e hice unos llamados para que te ubicaran.
- ¿Y quién sos vos para controlarme asi? –dijo ya furiosa.
- Soy la pareja de tu vieja y me siento responsable de vos.
- Pero no sos mi viejo.
- No, ni lo quiero ser. Ya tengo mis hijos. Pero vivimos todos acá y tenemos que saber en donde estamos.
- ¿Qué? ¿Sos el Padrino?
- Mirá pendeja. Si vos querés andar con ese boludito del Lalo, es problema tuyo, pero a la Mabel no le vas a amargar la vida quedándote en la calle a esta hora.
- Ya soy grande para andar solita.
- ¡Grande las pelotas! Tenés 16 años recién y la cosa no está como para andar sola por el barrio a la noche.
- ¡Pero si no me pasó nada!
- No te pasó porque te estaban vigilando gente amiga.
- ¿¿¿Mandaste gente a seguirme???
- A cuidarte, pavota.
- Sos un mafioso.
- Y vos una atrevida. Si te pasaba algo, tu vieja se muere. Y yo no iba a permitir eso. Vos sabés que si la Mabel estornuda, yo me resfrío. Aparte sos una gila.
- ¿Por?
- Porque si hubieras confiado en mi, me avisabas y yo te iba a buscar del pendejo otario y todo solucionado.
- No es otario y no salgo con él.
- Pero él si quiere salir con vos.
- También sabés eso?
- En el barrio se sabe todo, si sabés escuchar –dije, ya más calmado.
- Bueno, mejor me voy a dormir, mañana tengo examen.
- Ok, y tratá de no ser tan egoísta la próxima vez. Todos nos preocupamos por vos.
Y me senté a tratar de recordar que iba a hacer con la tijera que tenía en la mano.
Sentí los brazos de la nena que me rodeaban por detrás y mientras me daba un beso en la cabeza, me dijo:
- Sos un guardabosque, pero igual te quiero mucho, hasta mañana.
- Hasta mañana, nena. Yo también te quiero mucho –le dije, acariciando su mano en mi hombro.
Miré la tijera, luego al calendario y por último al reloj de pared. Eran las 23:55. El martes no había concluido.
Dejé la tijera en su lugar, le perdoné la vida al almanaque y apagando la luz, me fui a dormir.
Al final, el día valió la pena, como siempre pasa.
Hasta mañana, que descansen.